Si bien en México hay una coyuntura de los intereses morales y éticos entre la iglesia católica y el estado Mexicano, esa coyuntura debe tener una línea clara de separación. El Mexicano tiene el derecho de profesar su religión, cual ésta sea e igualmente la iglesia católica tiene el derecho de profesar su ideología libremente. Debe haber un entendimiento y una convivencia sana de estos valores.
Si bien es cierto que 70% de los Mexicanos profesan alguna forma de catolicismo y cristianismo, el gobierno mexicano no se fundamenta en un texto religioso, sino democrático. Simple y sencillamente por una sola razón, la política y la religón hacen una mezcla puramente explosiva y fundamentalista.
El fundamentalismo y fanatismo religioso en un estado no es sano. Hay que aclarar que el fundamentalismo religioso es muy distinto a la creencia religiosa. La creencia religiosa es profesar sanamente, socialmente, así como en su privacidad individual y familiar, los valores morales y espirituales asentados en la vocación de una religión. Haciéndolo bajo el entendimiento que tal no es una obligación de la sociedad o el estado, sino del individuo, su familia y hasta cierto punto su integración en la comunidad.
El fundamentalismo, por otro lado, es la interpretación literal de los textos básicos de dicha religión al punto de una imposición de tales como la ley moral y escrita del estado y de la sociedad. Un fanatismo en el texto que no da pie a ninguna desviación de él. En el fundamentalismo religioso no cabe la aternancia a lo profesado, la diversidad, la diferencia de opinión, ni la aceptación de otras creencias religiosas diferentes a la oficial. Bajo el fundamentalismo, se avanza un sistema donde las leyes se erigen bajo preceptos religiosos y se excluye o persigue a aquellos que contravienen esa ideología. Las leyes se crean para emular el texto, donde una constitución por ejemplo se convierte en biblia y viceversa.
Desgraciadamente, hay fundamentalismo en todas la religiones. El fundamentalismo islámico por ejemplo, es muy distinto a la creencia en la religión musulmana. Bajo algunos preceptos del fundamentalismo islámico agresivo o fanático se avanza el corán literalmente donde se promueve la idea del jihad, o guerra en contra de otros “poderes ideológicos,” ya sea con el uso del terrorismo o la violencia, y busca la ayuda de algún estado, para avanzar tales valores rigurosamente. La creencia en la religión musulmana, en su contraparte, se basa más en el entendimiento real y actual que tiene su raíz en la convivencia y la paz entre sus seguidores bajo un mundo diverso, que comprende que las sociedades son distintas y que hay un espacio de fé para todos.
El fundamentalismo judío por ejemplo se ha acentuado en Israel y se avanza bajo una política de estado meramente en contra de otra religión como lo es la musulmana. La intervención en Gaza y la guerra sin fin en el medio oriente es un ejemplo de ello. La creencia judía no es lo mismo, se diferencía de las acciones de los fundamentalistas de Israel y ve peculiar la guerra y la agresión, entendiendo que no es sano la imposición de ello, justo como no lo era bajo la persecución judía en manos Nazis.
El fundamentalismo hindú, como otro ejemplo, se acentúa en India y cree que India debe ser solamente para los hindús y sus organizaciones como el BJP, avanzan tales ideales violentamente. Gandhi, por ejemplo, fue asesinado por fundamentalistas hindús. Más sin embargo la creencia hindú aboga por la paz y el entendimiento entre fuerzas ideológicas.
El fundamentalismo no da espacios es atemporal, universal y único y demoniza a cualquiera que no profesa lo suyo, la creencia religiosa no es así. La creencia religiosa entiende que son valores individuales, que si bien gustan de profesarlos a otros, entienden que no es posible un entendimiento universal y que los tiempos cambian.
El fundamentalismo cristiano-católico ha renacido mundialmente y en México, y se se acentúa en que el Estado posea el monopolio de la educación cristiana y la ley moral universal, o al menos, su
control en prácticamente toda área publica. Algunas de las características más llamativas que se suelen
adscribir al fundamentalismo cristiano son la interpretación literal y fanática
del Génesis y el rechazo, la marginación y la discriminación latente y efectiva a: la teoría de la evolución de las especies, al divorcio, al sexo o convivencia no matrimonial, al uso de métodos anticonceptivos, las relaciones humanas diversas, creencias religiosas alternas o modus vivendus distinto al profesado por dicha escritura cristiana-católica. Y se hace através del colectivismo, que se basa en avanzar tales preceptos en la ley y que el estado o gobierno lo controle, monitoree y los establezca bajo leyes fundadas con una supuesta protección a los valores morales, familiares y sociales, pero que en realidad nacen de las escrituras religiosas. Su objetivo principal es la creación de legislación que cemente tales ideales religiosos en ley y que sea el estado el encargado de efectuarlos y la sociedad colectiva encargada en marginar a los que no profesen.
La última década ha visto un endurecimiento del fundamentalismo cristiano en varias partes del mundo. Algunos argumentan que tal es debido al endurecimiento de el fundamentalismo de otras religiones que a su vez crean un círculo vicioso donde se promueven mutuamente árduas posturas. En Estados Unidos y Norte-America (Mexico y Canada), George W. Bush avanzó la ídea del estado cristiano, donde la religión fuese base a la adopción de leyes, la mobilización de tropas en medio oriente, para contrarestar el fundamentalismo islámico y promover la suspensión a derechos individuales que contravenían a los preceptos cristianos.
En México, la ultra-derecha y las alas duras del fundamentalismo cristiano, así como movimientos dentro de la iglesia, entre otras tipificaciones, basan sus acciones bajo la ideología de que se debe “defender la religión católica y luchar contra las fuerzas de Satanás, en todo momento posible y sin detenerse en la cruzada.” Se han nombrado un sinfin de agrupaciones fundamentalistas, como por ejemplo la existencia de un Yunque y de los Tecos (basados precisamente en la UAG, de donde nace cierta de su ideología) así como movimientos internacionales como los encuentros mundiales de la familia, el impulso internacional a partidos políticos meramente católico-cristianos, y la abogacía por el establecimiento religioso del estado como la medicina al malestar causado por el laicismo estatal, la izquierda política, el progresismo y la alternancia, a los cuales acusan como la causa de la pérdida moral del país así como de la violencia nacional, etc.
Lo que si es cierto es que el renacimiento del fundamentalismo cristiano en México, se ha dado con mayor fuerza en corrientes internas del movimiento PANista (Partido Acción Nacional.) El cual a su vez se ha alejado del centro humanista que lo caracterizaba y de la abogacía por el derecho humano individual, y a dado pie a una coalición que da prioridad y entrada a la promoción de preceptos religiosos como base a sus estatutos y acciones políticas.
Tal corriente fundamentalista del PAN y la sociedad católica-cristiana mexicana debe entender que la iglesia y el estado no son lo mismo. Que los valores que comparten entre si, conviven y coexisten con otros valores humanistas y del derecho humano. Si bien es cierto que se aboga por la unión familiar, el respeto a la vida y el valor moral; Igual de importante es formar una coalición al respeto entre humanos, respeto a las diferencias sociales y de pensamiento, respeto al derecho ajeno, al cultural, al tradicional, al individual, y sobretodo a la paz universal entre estas fuerzas, curiosamente éstos últimos provienen precisamente de la creencia católica-cristiana, más no del fundamentalismo católico-cristiano.
El intentar imponer una mayoría relativa, sobre una minoría relativa, y relativa solo porque se basa en números no absolutos, (es decir no es que 80 millones tengan mas voz y voto que 30 millones, tal no es la historia total, sino que entre esos nümeros hay un sifnin de diversidad y su aplicación difiere inclusive dentro de la misma fe católica), el intentar imponer un precepto a la fuerza es alentar la división social, la represión de pensamiento y la opresión a la diversidad cultural. Injusticias históricas, que han sido vividas en la penumbre del nacimiento de un verdadero estado fascista y que son contrarestadas con el endurecimiento de la fuerza opositora que sería el aclamar la prohibición de la iglesia en toda esfera pública. Es decir si se trata de imponer el valor eclesiástico en la sociedad mexicana a la fuerza, igualmente a la fuerza se intentará destruirlo. Y ahí perdemos todos.
El convertir al estado Mexicano en Iglesia, y a la Iglesia en el Estado Mexicano, es garantizar y condenarnos a todos a la injusticia más grande de todas, la destrucción de ambas cosas.