Archivo de etiquetas para "El Cristalazo"

DISCUTAMOS IDIOTECES

El Cristalazo

DISCUTAMOS IDIOTECES

No hay comentarios 08/09/2010

El cristalazo

DISCUTAMOS IDIOTECES

Por Rafael Cardona

De un tiempo a esta parte tenemos en el país la manía de discutirlo todo. Desde lo aparentemente importante hasta lo evidentemente estúpido.

Todo se merece un debate, una mesa redonda, una polémica, un pequeño parlamento de lo innecesario o una enorme asamblea de lo políticamente correcto y hasta de lo incorrecto. Mesas, diálogos, terapias de grupo, pues.

De esa manera podemos llegar hasta el infinito y cuando no sabemos ya por dónde escapar en la red de las palabras sin sentido, llevamos los asuntos a la Suprema Corte de Justicia hasta para saber cómo ponemos en la carátula del reloj las manecillas del verano.

Pero entre las inefables discusiones nacionales hay un par de ellas dignas de colección. Formarían parte de la interminable antología mexicana de lo inútil, lo menso, lo bobalicón, lo falso, lo truculento, lo mendaz; lo intelectualmente rústico, a fin de cuentas.

La primera proviene del gobierno de la ciudad de México y tiene como finalidad cambiarle de nombre a un árbol.

El ahuehuete (un tocón insignificante con poca celulosa y mucho cemento Portland) de la calzada de Tacuba donde mitológicamente los conquistadores hallaron un remanso cuando los indios furiosos por poco y los destrozan y la segunda por la clasificación de una película.

Veamos esta información:

“El Gobierno del Distrito Federal apoyará jurídicamente a la organización vecinal Urbanitas, de la delegación Miguel Hidalgo, para cambiar formalmente la denominación del ‘Árbol de la Noche Triste’ por la del ‘Árbol de la Noche Victoriosa’.

“El titular de la Secretaría de Desarrollo Social local, Martí Batres Guadarrama, anunció lo anterior y explicó que el apoyo se da en el ejercicio de memoria histórica que implica el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana.
“En rueda de prensa, expuso que para dar cumplimiento a la petición de los vecinos de las colonias Tacuba-Popotla, y cambiar la denominación al ahuehuete histórico, se apoyarán en criterios de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)”.

Según esto la conmemoración de los hechos ocurridos en el siglo XVI no debería relacionarse con la tristeza de los invasores sino con la victoriosa actitud de los defensores, quienes apalearon (por un rato) a los hispanos. Obviamente éstos se repusieron de la escapatoria e hicieron todo cuanto sabemos, y la efímera victoria de los mexicas no sirvió ni para una quesadilla de cuitlacoche (con “c”, por favor).

Pero lo más extraño de todo esto es cómo se aduce tan importante labor de nomenclatura con los festejos (obviamente fallidos) de la Independencia y la Revolución distantes de la victoria arbórea nada más por varios siglos.

Quien sabe cuáles mecanismos de reivindicación proletaria e indigenista se le hayan activado en la sesera a Don Martí pero todo puede esperarse cuando se trata de perder el tiempo y justificar el salario.

La segunda convocatoria a la necedad proviene del director cinematográfico Luís Estrada quien anda como la zarzamora a causa de la clasificación impuesta por Gobernación a su más reciente obra maestra: “El atentado”.

Los vigilantes de los ojos ajenos dijeron, esto vale para adultos; no para escuincles y dictaminaron en tal sentido. “C”, dijeron. Mayores de 18 años.

Estrada puso el grito en el cielo, no por la limitación en si misma sino por sus consecuencias en la taquilla. Todo lo demás es pura lengua de loro. Se trata de cuanta lana se puede recaudar si se amplía la cantidad de personas en las salas gracias a una clasificación abierta.

Y como si no hubiera cosas en verdad necesarias, urgentes y serias, la discusión ya llegó al Senado de la República. Entérese usted si no lo había hecho:

“Pese a que la cinta El infierno se encuentra en este momento dentro de las cinco películas más vistas en la última semana en nuestro país (UG) , María Rojo, senadora del PRD, pidió en la tribuna del Senado de la República, el apoyo para reclasificar el material cinematográfico de Luis Estrada.

“Por varios minutos, la senadora logró llevar a tribuna este debate ante los senadores y solicitar a la Secretaría de Gobernación, para que por conducto de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía, se reclasifique la película El infierno del director Luis Estrada, a efecto de ampliar el rango de potencial audiencia.

Anote usted cómo una senadora defiende su taquilla en la pantalla como Belisario Domínguez lo hubiera hecho frente a Huerta (si lo hubieran dejado) y cómo los padres de la patria se enganchan en semejante mamila y pierden el tiempo en discutir sobre cosas sin importancia.

COAHUILA

Rubén Moreira Valdés, aventajadísimo diputado del PRI, les recordaba a los panistas la pactada temporalidad del aumento anterior al IVA: ya se cumplió esa temporalidad. Pongamos a ese tributo en el rango que tuvo en 2009”.

Esas palabras, el desplegado de los diputados y las pancartas en la tribuna echaron a andar la locomotora del PRI en San Lázaro vieja zona de reminiscencias ferrocarrileras.

Rubén Moreira, recuerde usted ese nombre. Se va a repetir mucho.

–0–

EL “HOLACAUSTO”

El Cristalazo, Opinion

EL “HOLACAUSTO”

No hay comentarios 26/08/2010

EL CRISTALAZO

El “Holacausto”

Por Rafael Cardona

Cuando llegué al consultorio del dentista una señora acaba a dejar sobre la mesa de la sala de espera una revista “¡Hola!” cuyo contenido aumenta de manera notable el bagaje cultural de la clase media mexicana con aspiraciones de proximidad con los famosos, los nobles y los ricos.

“Ricos y famosos”, es su oferta editorial.

Y lo hacen bien, viven de la incontenible cantidad de quienes en ocasiones pagan por aparecer en esas páginas. No todos. A otros les pagan. Y venden ejemplares por cientos de miles.

De reojo y sin lentes, medio vi un grupo en la portada.

“Otra vez el “Pirru”, pensé. Pero ya con las gafas en su sitio me di cuenta de mi prejuicio: no era tal celebridad, se trataba del Presidente Felipe Calderón en el festejo de su cuadragésimo octavo cumpleaños.

Los atractivos titulares de la tapa de la edición mexicana de tan importante publicación, dicen:

“Fotografiados en ¬la intimidad en la residencia oficial de Los Pinos.

“El presidente Felipe Calderón y la primera dama celebran junto a sus hijos sus cumpleaños

“Ana Bárbara y Elías Sacal la pareja más sorprendente del verano: “Estoy muy ilusionada y con mucha paz en mi corazón.”

Bueno, al menos si no acerté con lo del “Pirru” si tuve a la señora Ana Bárbara.
Pero como el estomatólogo tardaba más de lo conveniente, seguí leyendo las cosas dispersas en la sala de espera. Me encontré medio ajado “El universal”. Leí con asombro:

“El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) confirmó que el presidente Felipe Calderón Hinojosa violó la Constitución al transmitir en cadena nacional un mensaje en materia de seguridad el pasado 15 de junio en pleno proceso electoral, el cual calificó como propaganda electoral.

“En el proyecto que presentó la magistrada presidenta del Tribunal Electoral, María del Carmen Alanís, se resolvió que igualmente otros dos mensajes difundidos en medios electrónicos, con cifras de empleo y simplificación tributaria, también constituyeron una violación a la ley.

“Lo anterior fue determinado por unanimidad por el pleno del Tribunal, ya que de acuerdo con los magistrados, dichas faltas a la Carta Magna no pueden ser sancionadas porque no hay un catálogo de sanciones específicos contra el Ejecutivo federal…”

Vaya, pensé, una violación constitucional, como si eso tuviera importancia.

Seguí leyendo:

“Los 72 indocumentados asesinados en San Fernando, Tamaulipas, iban en un camión rumbo a Estados Unidos cuando, entre el sábado y el domingo pasado, fueron interceptados por un convoy de “zetas”.

“Varias camionetas, según el relato del único sobreviviente de lo que es —hasta ahora— la peor masacre en la ola de violencia por parte del crimen organizado, le cerraron el paso al vehículo en el que viajaban las víctimas y los hicieron bajar de él. Les advirtieron que eran “Los Zetas”.

¿Setenta y dos muertos nada más? Pero si eso es poco frente a los 28 mil del día anterior. Sin embargo me quedó una duda: ¿a esos extranjeros, para acabarla, los contamos del lado de los 8 o del lado del 1 en el célebre marcador ofrecido durante los diálogos por la seguridad?

Quién sabe.

Todavía medio adormecido por el trabajo del “tiradientes”, subí a mi auto. Me llegó un mensaje a la BB: esta matazón ya parece un holocausto, me decía un amigo.

No, parece un “holacausto”, le respondí.

MARCELO

Todo iba bien. Elías Sacal, cuidadoso del procedimiento había dado entrada desde el Tribunal Superior de Justicia a la demanda de Marcelo Ebrard, jefe del GDF, radicada en el juzgado segundo de lo civil. Se le dio entrada.

Ebrard había releído todo el pergamino de sus motivaciones tanto morales (le han causado daño moral) como jurídico y político en contra de Sandoval y Valdemar.

Pero como suele ocurrir, sin necesidad no razón, se le alborota el temperamento al señor jefe de Gobierno y exultante por sus triunfos parciales avienta una declaración con la cual echa abajo toda la seriedad del asunto: le muestra una caja de huevos a los fotógrafos y les dice, “para que los vea Sandoval”.

–¿Hizo Marcelo esa patochada deliberadamente para prepararse ante un posible revés en su causa o simplemente se le fueron las cabras?

Como sean las cosas no venía al caso la alburera puntada. O como le podrían responder los demandados en paráfrasis del desaparecido “Gallito” Armando Jiménez: si no tienes dónde yo te los guardo.

—————0—————-

IMPUNIDAD Y FUERO

El Cristalazo

IMPUNIDAD Y FUERO

No hay comentarios 18/08/2010

Por Rafael Cardona

Evidentemente las groserías de Juan Sandoval, el eminente cardenal y arzobispo de Guadalajara, especialmente en lo de “los maricones”, ofenden a quienes piensan como él pero no se atreven a decirlo.

Por otra parte, sus acusaciones en torno del “maiceo” al cual según su dicho sometió Marcelo Ebrard, jefe del Gobierno del DF, a los ministros de la Suprema Corte de Justicia, se van a quedar como están: intocadas, incólumes, registradas y sin consecuencias. Ni la demanda de Ebrard prosperará ni el purpurado tomará en serio las querellas.

Lo admita el Estado o no lo admita, lo quiera aceptar la Iglesia o se rehúse a ello, pero en este país la Iglesia tiene fuero. Pueden hacer y decir cuanto a su deseo convenga y nadie tocará al señor Sandoval ni con el pétalo de una azucena.

La Iglesia y, con más precisión, algunos de sus altos jerarcas campean a sus anchas en este país, en donde hasta el Presidente invita a los cardenales a formar públicamente con el Estado un bloque en la lucha contra la delincuencia organizada.

Cuando el jefe del Estado llama a esos hombres de fe en demanda de auxilio, y en concreto a este mismo señor cardenal Sandoval y les dice: “como mexicano y como Presidente de la República, reconozco la valiosa aportación que hacen al país las asociaciones religiosas que ustedes encabezan. Su labor contribuye a la construcción de una sociedad responsable y solidaria, basada en los principios de orden y respeto que inculcan a los miembros de sus iglesias.

“La defensa que ustedes hacen de la familia mexicana, de sus valores, que es, sin duda, la base de nuestra sociedad; su amplia experiencia en el apoyo a las comunidades de los más desfavorecidos, son labores fundamentales en la difusión de los valores que nos deben unir como nación”, entonces muy poco queda por agregar.

Las alusiones presidenciales a “los principios de orden y respeto que inculcan” y “la defensa que ustedes hacen de la familia mexicana” no pueden ser entendidas fuera del alegato del arzobispo Sandoval en esa reunión del Campo Marte.

¿Y cuál fue ese alegato?

“Hablando de las causas de lo que está pasando ahora, hay que ir a las instituciones, y la primera y la más importante de todas es la más pequeña, la familia. En eso yo abundo con los que me han precedido, con el cardenal Norberto, con el presidente de la Iglesia de los Últimos Días y otros que han hablado de la familia. ¿Pero qué pasa?

“Nosotros hablando en favor de la familia y a veces las leyes desbaratándola: divorcio express, aborto, anticoncepción, amor libre, matrimonio de personas del mismo sexo, ¿a dónde vamos a ir a dar? Desbaratando la familia vamos a acabar con este país, por el amor de Dios, se va acabar este país…

“…La segunda institución, la escuela; 150 años de haber echado a Dios para fuera de la escuela. Si no se tiene temor de Dios y un gobierno es débil, ¿a quién le teme uno? Y eso a veces pasa en este país. No hay temor de Dios. Y el gobierno con todos los medios que tiene para reprimir, no alcanza, ¿a quién le tienen miedo? De ahí la grande e inmensa impunidad en este país. Se puede delinquir y hay un alto porcentaje de probabilidades que no va a pasar nada.

“Si hubiera principios morales, y que se diga, si somos un pueblo mayoritariamente cristiano, que se nos permita, sin excluir a nadie, pero todos los que estén por Evangelio, los principios evangélicos, la moral evangélica, en nuestras escuelas junto con los valores naturales, los valores morales, naturales. Porque ahora llaman valor a cualquier cosa”.

Una vez escuchado y agradecido el alegato, ¿cómo entonces puede el gobierno pedirles a los ensotanados respetar las distancias entre las cosas de Dios y las del César?

Los ministros de la Corte no demandarán a Sandoval y si lo hace Ebrard ganará titulares y propaganda, pero no llegará a ninguna parte. ¿Quién va a detener al cardenal si desacata de los citatorios de un tribunal? ¿La PF? ¿El Ejército?

Ni siquiera Calles pudo contra ellos.

EL RECATO Y LA CENSURA

El Cristalazo

EL RECATO Y LA CENSURA

No hay comentarios 30/07/2010

 

 

Por Rafael Cardona

Indudablemente esta ola de violencia ha movido demasiadas cosas en México. El periodismo, no podía ser la excepción.

Por años los informadores de cualquier medio, ya fuera impreso o electrónico (no había entonces redes cibernéticas de chismorreo estilo Tiwtter), vivimos sometidos a la técnica de escribir entre líneas, cuidar el sesgo y el matiz, nos conformábamos con los códigos no escritos de la conveniencia y la exigencia, de la libertad y el dictado.

El periodismo mexicano se escribía la mitad con tinta invisible y la otra mitad con tinta de sumadora. Un poco en la redacción, otro tanto en la venta de páginas.

Pero en el fondo todo mundo anhelaba una prensa a la cual el pueblo no le gritara “vendida”. Una prensa más notable por su publicación y no por sus silencios. Y cuando las condiciones políticas llegaron, el libertinaje hizo su aparición a veces con los peores rasgos.

Sin los frenos impuestos por el poder y su extensión a las “sanas costumbres”, los periódicos y en general los medios no se volvieron mejores, pero sí ganaron vulgaridad, frivolidad, amarillísimo, sensacionalismo e incultura.

Y por ahí vamos tirando, a veces bien, a veces no tanto.

Pero ahora la ubicua presencia del crimen organizado nos lleva a situaciones nunca antes vistas. Algunos medios ya han declarado abiertamente su intención de no atender asuntos relacionados con el narcotráfico; otros han sufrido atentados y más de medio centenar de periodistas han sido desaparecidos o asesinados. Abandonamos el control y ahora sufrimos la autocensura. Muchos reporteros ya perdieron el derecho gozoso de firmar sus textos. Anónimos por conveniencia o por necesidad.

Muchos son los riesgos y pocos los códigos. Como dijo alguien: cuando ya nos sabíamos las respuestas nos cambiaron las preguntas.

Durante mucho tiempo, cuando un periodista caía víctima de un asesino a sueldo, la respuesta era inmediata: Quién sabe en qué estaba metido. Después dijeron, quién sabe en qué no quiso meterse. Pero ambos casos son una estupidez.

El hecho simple es la peligrosidad de esta profesión en un entorno de peligro generalizado. No son gajes del oficio, mentira, son riesgos de la ingobernabilidad, de la impunidad, del mal gobierno; del peor sistema de justicia.

Por eso a veces no sabemos cómo reaccionar. ¿Debemos publicar esto o aquello? ¿Conviene hacer esto o lo de más allá? Y así en un sin fin de preguntas para las cuales no siempre se tienen las actitudes editoriales (ni personales) convenientes, precisamente por no saber cuáles son ni cual conveniencia usar como medida.

Si antes la independencia se probaba con alejarse del gobierno; hoy no sabemos de quienes más debemos alejarnos y si la independencia es verdaderamente posible.

La verdadera pregunta es, ¿sabemos qué hacer? A veces no. Este es un ejemplo reciente:

El miércoles 28, la edición de Milenio en Torreón, Coahuila publicó esta trascendental noticia:

“Al caer de las escaleras de una segunda planta, un menor de tan sólo cuatro años que se encontraba jugando en su domicilio resultó con graves lesiones en el municipio de Escobedo”.

Ese mismo día la edición “nacional”; o sea, la publicada en el Distrito Federal publicó esto:

“Cuatro periodistas, tres de ellos de distintos medios de la región de La Laguna y otro enviado desde la capital del país, fueron secuestrados el pasado lunes y son retenidos por un grupo del crimen organizado.

“Los reporteros cubrían informativamente el motín de reos y las protestas de familiares en el Centro de Readaptación Social número 2, de Gómez Palacio, Durango, penal que desde el pasado domingo se encuentra bajo control de la Policía Federal, ante las acusaciones de corrupción contra sus directivos”.

Sin embargo ya reconocida la gravedad de este último asunto, uno se pregunta: ¿por qué no lo destacaron en la edición local? Al menos yo no lo vi en la edición online de Torreón.

Quizá por una razón muy simple, por un acuerdo de silencio cauteloso para no dar a conocer noticias en las cuales se hallen involucrados los informadores en medio de una negociación. O sea, la autocensura o la conveniencia o la supervivencia. ¿Quien lo sabe?

Uno de los directivos de ese grupo, escribió ese día (en referencia a un comunicado alusivo de la CNDH): “¿No habrá pasado por su cabeza (de la comisión) que no sólo los medios afectados, sino prácticamente la totalidad de los medios nacionales habían optado por unas horas de silencio solidario?” Pues no.

Pero el silencio, solidario, solitario o como sea, no puede prevalecer. De eso venimos huyendo. El propio diario Milenio, a pesar de todo, divulgó a la mañana siguiente los hechos con prolijo despliegue.

Hoy, ante estas nuevas realidades de agobio y asedio, todos corremos el riesgo de actuar de manera equivocada, de acusarnos mutuamente, como decía Evelyn Waugh de los periodistas, “en un ambiente de inmitigada miseria”.

LA (IN)COMUNICACION SOCIAL

El Cristalazo

LA (IN)COMUNICACION SOCIAL

No hay comentarios 19/07/2010

 

 

Por Rafael Cardona

Resulta demasiado fácil pero no por eso impreciso. Quizá no tenga mayor mérito más allá de una evidencia, pero en estos tiempos cuando la confusión priva y cualquier observación cuidadosa es hallazgo vale la pena repetir algunos enfoques, por ejemplo dos viejas sentencias separadas cada una de la otra por quienes las expresaron.

Una es de un torero. La otra de un filósofo social, un historiador, un hombre de ideas. El primero nació en el barrio de La Merced en la ciudad de Córdoba, en España en 1862. El otro, en la actual calle de Isabel la Católica, detrás del convento de San Jerónimo, en la casa de la Acequia, en la ciudad de México, también en el siglo XIX.

Uno se llamaba Rafael Guerra y dijo: “se torea como se es”*. El otro Daniel Cosío Villegas, escribió un libro sobre la forma de gobernar cuya síntesis la podría haber dicho “El Guerra”: se gobierna como se es, con el estilo personal de por medio, como sello, característica o estigma. Escoja cada quien.

Cosío Villegas analizó el comportamiento de Luis Echeverría y nos dejó para la memoria su ensayo entre la crítica y la sátira. Era un poco de análisis y un tanto de burla. El torero, sin embargo, no dejó nada para la posteridad sino una o dos frases llenas de salero y picardía, como su célebre ensayo sobre la tauromaquia, cuya sentencia se aplica a todo en la vida: “lo que no se pueé, no se pueé y ademáj ej imposible”.

Si tomamos esas ideas y las complementamos diríamos con toda facilidad: es imposible para un hombre gobernar sin ser él, sin dejar en cada cosa su propia imagen, su huella, su signo distintivo en lo positivo y en lo negativo. El balance entre estos dos elementos, el más y el menos, no definirá el valor de su administración, su régimen o su periodo; nos dirá quién era en verdad y cuánto valía.

En sentido general propongo una idea: el gobierno no es una obra, es un retrato.

Si aceptamos eso del retrato y analizamos la obra como la evidencia de la personalidad, o al menos de sus características dominantes, debemos entonces imaginar las razones de la obsesión por controlar la imagen.

Por eso destinan los gobiernos, al menos éste, un gasto (más de cinco mil cien millones de pesos en este año) abrumador en Comunicación Social, asunto muy lejano de lo primero y muy poco importante en el segundo término. Ni es comunicación ni es social. En todo caso es divulgación masiva.

Es la propagación del autoelogio, la celebración de una imagen preconstruida en los laboratorios de interminables y fallidos “focus group”; encuestas y los espejos maravillosos convertidos en sondeos falsos y poco verosímiles o –en algunos casos– la autojustificación mediante presupuestos mil millonarios cuyo resultado dista mucho de pagarle a Narciso el precio de su relativa belleza en el fondo del estanque.

Hoy el gobierno del presidente Felipe Calderón cambia de coordinador de Comunicación Social. Le entrega las llaves a Alejandra Sota quien se desempeñaba como Coordinadora de Estrategia y Mensaje Gubernamental (50 empleados) para manejar un ejército de 130 personas dedicadas a informar de las actividades de la Casa Presidencial.

Nunca quedó muy claro el trazo de fronteras entre la actividad del cesado Maximiliano Cortázar, (“Max” para los cuates) pues nunca se supo si se hace Comunicación Social mediante la estrategia de la oficina respectiva, o esa estrategia busca cumplir las necesidades de aquella. Pero para aumentar la confusión, tampoco se define “mensaje Gubernamental” sin caer en la tautología o la confusión, pero a fin de cuentas si se gobierna como se es, se divulga, difunde, propaga o hace saber también como se es.

Alejandra Sota tiene, no hay ninguna duda, una relación cercana y positiva con el presidente de la República. A pesar de eso sus nuevos subordinados, ni siquiera han incorporado su nombre con su nuevo cargo en la página “web” de la Presidencia.

Es más ni siquiera la han revisado, o no lo habían hecho hasta ayer en medio de la hora bruja cuando se encienden las luminarias. Pequeño descuido, ¿sabe usted? Pero se revisa como se es, ¿ve?

Pero dejemos estas divagaciones para regresar a un tema central. Dije líneas arriba, esto no es ni comunicación ni social. Explico.

Para comunicar algo se debe hacer no solo del conocimiento de alguien sino del entendimiento de alguien. No se trata de difundir o divulgar, sino de crear mensajes comunes a los cuales los ciudadanos puedan adherirse. La Comunicación Social, con todo y su jesuítico origen, no es la eficacia en la imposición de versiones interesadas. Eso es dominio mediático, dictadura de la imagen, “bigbrotherismo” orwelliano en el mejor de los casos y cuado se hace bien.

Cuando se trata de “vender” la imagen de un político, sea u presidente o un disidente o un dirigente religioso, se mezclan instrumentos para lograr un fenómeno de mercadotecnia política. El caso más exitoso, con estrategias de Coca Cola, fue Vicente Fox. Pero su “comunicación” política fue un desastre. No logró la comunión con la sociedad, por eso hoy carece de apoyos y respeto en muchas partes del país, como les sucede a la mayoría de sus colegas ex presidentes, justo es decirlo.

¿Y por qué? Por la confusión entre comunicación social e imposición informativa y vertical a la sociedad. Una prueba de eso es el “choteo” de las cadenas de TV del Presidente y hasta las razones para remover a sus colaboradores. Silencio.

¿Veremos un cambio en la interlocución con la sociedad?

Yo no lo creo. Y no por Alejandra Sota quien de seguro tratará de hacerlo bien. No lo creo por una sencilla razón: cumplirla bien sólo y únicamente con las órdenes e instrucciones recibidas, pero la comunicación de Los Pinos no la maneja ella, ni la manejaba el removido Cortázar. La maneja el propio presidente.

¿Cómo? Como “El guerra”.

–0–


UNETE HOY

¡Es Completamente Gratis!

APOYANOS

 Ya sea aquí:

Y/O haciendo un click rapidito en alguno de los enlaces debajo. Dependemos de tu apoyo ¡Muchas Gracias!


  

METAFORA EN IMAGENES

FACEBOOK

Twitter

© 2009 Metáfora Política. Elaborado por MP.