El gobierno nos ha presentado con una decisión infalible e inobjetable, una cuestión de preferencia como si se pudiera elegir una de dos cosas: Prefieres la seguridad o prefieres la garantía a tus derechos humanos. Tal es lo único que falta para llegar al cambio prometido, al utopía de un estado simple y perfecto.
Esa historia ya se ha contado multiples veces. En épocas recientes y pasadas.
La tortura: Arma necesaria para garantizar la seguridad ante posibles ataques terroristas.
El genocidio: Necesario eliminar poblaciones para garantizar la seguridad nacional.
La represión: Las protestas representan un atentado contra la estabilidad del estado.
La censura: Los mensajes opositores atentan contra la estabilidad social.
La persecución: El migrante es una amenaza a la nación.
El abuso: La lucha contra el narco permite al ejército hacer lo que quieran.
Como si fuera blanco y negro o la única razón de avance y el único motivo de acción gubernamental. Y aún así en México ni se está seguro, ni garantizado. Y peor aún se maneja la política de una seguridad abusadora como la única opción ante el narco y el único elemento para llegar al estado perfecto.
Si, es terrible lo que pasa en México. Y se dice que hay un plan a largo plazo, un México del 2030, pero cuando lleguemos -si es que llegamos-, habremos de haber destruído lo que salvaguardabamos.
En el proceso para llegar a una seguridad completa, vamos poco a poco eliminando la composición de una nación y creando los cimientos de un estado alterno. Otro país, imperfecto en su democracia, inigualable en su inseguridad e inapelable en sus violaciones a las garantías individuales.
Hemos entrado al limbo de un cambio imperfecto, uno en el cual la lucha por el poder es el poder mismo. Donde la ley que rige es el vacío legal. Y donde el rumbo es fraccionado y dividido y repartido en intereses corporativos, gubernamentales y criminales.
Cada quien con su cada cual. Se lucha por plazas, por concesiones, por curules legislativos, por gobernaciones, por medio de influencias y transferencias. Se calman las ansias del supuesto electorado con imágenes de una guerra interminable, necesaria y permanente. Con un enemigo que es precisamente la creación del amigo. Todo bajo el umbral de un supuesto rumbo cambiaria, pero el cual se ha perdido en la ambición, el poder y el dinero.
Por ende del cambio imperfecto. Cambio si, pero exacerbando la mala influencia y minimizando la buena.
¿De cuando acá el derecho humano se convirtió en algo negativo y el control militar en positivo?
¿De cuando acá, el lucrar con la salud y la educación, suplantaron al bienestar social?
¿De cuando acá, la ambición y el dinero transformaron el modus vivendi del Mexicano?
Todos creando tierra fértil para más crimen organizado y más política desorganizada.
Aún hay tiempo de enderezar camino, de crear ese nuevo rumbo. Pero revirtiendo las prioridades, para que el limbo en el cual nos encontramos hoy no se traduzca en un abismo en el 2030.






