Por Aurelia Fierros
El México de antaño tal vez no era mejor, pero a las fechas del Cuarto Informe de Gobierno, el manejo de nombres de los presidenciables y hasta el del legendario ‘tapado’, era casi, casi, deporte nacional. El interés se centraba en conocer los avances de lo fiscal, lo laboral, la educación, justicia y ni se diga lo electoral.
Hoy la tradición es otra. El lamento colectivo se confunde con los rezos de un pueblo que aún quiere creer, pero no encuentra como.
En el México de “¡todos al suelo!” la sociedad sobrevive temerosa y muchos de nuestros niños despiertan de sus pesadillas nocturnas solo para enterarse de que hoy tampoco irán a la escuela: está cerrada por la inseguridad.
Felipe Calderón se ha distanciado del PRD, del PRI, y hasta de sus propios compañeros al seno del PAN, incluyendo a Vicente Fox y a Manuel Espino. Se le señala por hacerse rodear y formar su gabinete con gente a la que se acusa de inexperta, por decir lo menos.
El presidente del empleo no logró brindarlo en 4 años de gobierno, pero bajo su mandato se fortalece una economía subterránea basada en las ventas informales, el ambulantaje y claro; el narcotráfico.
Del 1 de diciembre del 2006 al 31 de julio del 2010, los números oficiales dicen que ya van 28,000 muertos. Las proyecciones indican que de seguir el actual ritmo de violencia, esa cifra llegaría a los 50,000 asesinados al final del sexenio.
Según el Cisen, se han capturado 59,000 narcotraficantes, e incautado 34,699 vehículos con un valor de 600 millones de dólares. ¿Cuál es la importancia de esos números, cuando no se sabe con certeza que tan grande es el universo de vehículos, de millones de dólares, de narcotraficantes?
Como lo marca la Constitución, y como cada año, el presidente de México rendirá el Informe de labores y dará a conocer el estado que guarda la Nación. Exaltará ‘los logros’ de su gestión en el marco de los festejos por el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana. Lo hará por escrito, el 1 de septiembre; según confirmó la Secretaría de Gobernación hace apenas unas horas.
“La entrega del IV Informe de Gobierno se realizará de acuerdo con lo establecido en la Constitución Política del los Estados Unidos Mexicanos, al iniciarse el segundo periodo ordinario en el Congreso de la Unión”, dijo la dependencia en un comunicado, este domingo.
La discusión política al seno del Congreso federal, y la Cámara de Diputados, ha sido en los últimos días si el Presidente debe o no asistir a entregar su informe. A estas alturas, ¿la presencia física de Felipe Calderón en San Lázaro, es prioridad para la ciudadanía?
La realidad es que, lo verdaderamente importante en esta presentación es que se informe a México del grado de avance y cumplimiento de las metas incluidas en el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012.
Hace 4 años, Felipe Calderón ofreció como parte de su plataforma de gobierno, uno que combatiría la impunidad y mejoraría la seguridad, crearía empleos suficientes y bien remunerados y reduciría las obligaciones de los ciudadanos hacia el Estado.
Sin la necesidad de basarnos en censos oficiales, la respuesta es fácil y evidente. Las metas no se han logrado. El enfoque de su administración se ha concentrado a un combate ‘a ciegas’ contra el crimen organizado, con los consecuentes resultados precarios. Ni se ha erradicado la impunidad ni se ha mejorado la seguridad. Cuando no hay estrategia, los resultados no pueden ser diferentes.
Diga lo que diga Calderón, la percepción nacional, es que la guerra la están ganando los narcos. Pero el presidente sigue envalentonado y ha reiterado que el ejército seguirá en las calles, lo que queda de su sexenio. ¿Vale la pena?
Según la última Encuesta Nacional de Adicciones, 6.0 por ciento de la población mexicana, entre 12 y 65 años, dijo haber consumido alguna vez en su vida una droga (índice de incidencia).
En 1998, ese índice era de 5.27 por ciento, lo que significa según los datos de la misma fuente, que en 12 años, el incremento ha sido de sólo 0.73 por ciento, o sea, menos de 1 punto.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece en 7.8 por ciento el índice mundial de incidencia que es 34% superior al de México, y se coloca por debajo de Estados Unidos cuyo índice es el más alto del mundo con 42.40%; donde por cierto, 11 de cada 17 dicen haber consumido drogas alguna vez en su vida.
En México la incidencia en el consumo de marihuana es de sólo 4.4%, en Chile, 27.1%; Argentina, 16.7%; Bolivia, 16.9%, y Uruguay, 14.0%. La incidencia nacional de cocaína es de sólo 2.5%, en Argentina, 8.25%; Chile, 6.4%; Uruguay, 4.6%, y Bolivia, 4.0%. Si la estadística sirve de algo en este caso, es prudente que en su IV Informe de Gobierno Calderón responda ¿seguiremos poniendo los muertos?






